jueves, 15 de septiembre de 2011

VUELVE EL PERRO ARREPENTIDO...!!!



Cuando pienso que todo en mi vida parece que toma su lugar, cuando nada ni nadie me inquieta tanto como para quitarme el sueño , reaparece ella con esa mirada que siempre me cautivó, con esa voz suave e insinuante, con esa seguridad que me dejaba sin palabras. 

Nuestra relación fue especial, quizás la única que provocó en mí deseos de bañarme los domingos, hasta de ahorrar para que en un futuro cercano tuviéramos nuestra casita, nuestro carrito, nuestros hijitos.  Pero después de casi doce aniversarios y doce San Valentín juntos, un día sin motivo aparente se levantó de la cama, vio la luz y decidió que nuestra relación no tenía ni pies ni cabeza, se dio cuenta que yo no la motivaba, que la aburría a tal punto que la única solución era ponerle fin a tanto suplicio, a esa miserable relación que la pobre no merecía.  Su sabia decisión fue buscar mejores horizontes, recorrer caminos con bastantes curvas y profundizar en otros cerebros, por así decirlo.

Claro que me desmoroné, reconstruirme me tomó muchos meses y la mitad de ellos la pasé sentado al lado del teléfono esperando una llamada de arrepentimiento, una llamada que me sacara de las tinieblas en que me había hundido.

Luego de tantas lunas esa llamada llegó, no lo podía creer, ahora resulta que soy el hombre de su vida, el único que le dio un sentido a su existencia, que me ha extrañado cada segundo y apelando a mi caridad cristiana me pide perdón y una segunda oportunidad. 

Quizás lo inesperada de su llamada me hizo pensar que el destino ponía a mis pies el momento propicio que tanto había esperado para demostrarle que siempre fui el único capaz de hacerla feliz.  Luego como un látigo al cerebro empecé a recordar el dolor que él provocó en mí, pensé en las promesas que me hizo y que nunca cumplió, promesas llenas de buenas intenciones que no se diferencian de las actuales.

¿Podría acaso sólo esconder todo el pasado doloroso bajo la alfombra?

¿Podría acaso sólo perdonar y olvidar? 

Haciendo un balance entre los pro y los contra, analizando mis elevadas expectativas y haciendo un recuento de lo vivido y de lo que me gustaría vivir, me doy cuenta que a pesar de no sentir ningún resentimiento hacia ella, ya no soy capaz de entregarle aquello que una vez le di incondicionalmente. 


Hoy no me siento con tanta caridad cristiana y me niego a recoger lo que ya boté, así que seguiré esperando a alguien nueva y refrescante, alguien que me encuentre motivador y divertido, alguien que al levantarse me reafirme su cariño y que no tire la toalla cuando la pelea se ponga difícil.

Y ustedes, ¿qué harían en mi lugar? 

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