domingo, 29 de enero de 2012

LA SOLEDAD


La soledad es una ingrata a la que se le va agarrando el gusto, con un alto riesgo de parar completamente enamorado de ella.


La soledad es un hotel que no es de nadie, es una cama que no es mía, es despertarme a las tres de la mañana y no saber donde esta el baño, es despertarse en la noche y hablar completamente solo.


La soledad soy yo, es la gota de agua de la llave del baño que deje prendida y no quiero apagarla por no sentirme solo.


Es como un suplicio ingenioso de la naturaleza, que hace que nos encontremos con nosotros mismos para poder valorar a los demás.


Es un espejo que no miente, es ese montón de sonidos que no escucha nadie pero que hacen demasiado ruido.


Insisto la soledad soy yo en compañía del pasado, es un beso que se desperdicia en la almohada, el ver la sombra o la silueta de alguien que ya no esta.
Es una malvada insoportable y maravillosa, que me gusta...no se bien ¿ porque ?.


Es entender por fin que no hay mejor compañía que la soledad, es el velorio de un día que se fue, es dejar de estar haciendo nada, prepararte, vestirte, abrir la puerta, salir para seguir haciendo lo mismo.
La soledad es mi compañera, la del miedo, la de los futuros inciertos, la del camino, la de la búsqueda.

martes, 3 de enero de 2012

PUEDE SER MAÑANA



Es lo que he visto en las casas vecinas de esta ciudad y en las casas de más allá, casas de las que surgían ecos vocingleros y el estruendo de una música festiva, y también en la televisión, en los canales de televisión, imágenes de una multitud reunida en muchos lugares, todos gritando con una euforia inexplicable, como si fuese una competencia para ver quién grita de un modo más estentóreo o simiesco. ¿Por qué están tan contentos, tan ruidosamente contentos? No lo sabemos, es un misterio, cada individuo es un océano turbio, un mar sin fondo. Borges decía que no hay un solo hombre que no sea un descubridor, primero descubre los sabores, lo dulce, lo amargo, enseguida las texturas, lo liso, lo áspero, después los rostros, los siete colores del arco, las veintitantas letras del abecedario, luego los mapas, los animales, y concluye por la duda o por la fe y por la certidumbre casi total de su propia ignorancia. ¿Por qué tanta gente se abandona a la euforia bulliciosa el último día de la año? ¿Qué es lo que celebran? ¿Qué los pone tan dichosos? ¿Por qué se emborrachan? Acaso celebran que están vivos, que no se han muerto, esa parece una buena razón para alegrarse, no sé si para bailar o para encender pirotecnia, de todos modos nos vamos a morir por mucho que chillemos como energúmenos, quizá la gente supone que alegrándose tan fragorosamente alejará la muerte o preñará de buena fortuna el año que está por comenzar. En todo caso, los eufóricos y los bailantes no parecen tener dudas, parecen tener fe, parecen tener fe en que, como no se han muerto el año que termina, tampoco se van a morir el año que comienza, parecen tener fe en que la bulla y el estrépito espantan la propia muerte. Es, me parece, una fe deplorable, una fe oportunista, porque llegado el momento inescapable de la muerte, nadie, que yo sepa, pide música de fiesta y se pone a bailar y a gritar memeces y sopla cornetas chillonas y se pone sombreros coloridos y arroja papel picado sobre el cura que intenta aplicarle la extremaunción. El último día del año tal vez debería recordarnos que sí, es verdad, no nos hemos muerto, no todavía, y por consiguiente estamos más cerca de nuestra muerte, y tal certeza podría inducirnos de un modo discreto a ser menos pueriles, a vivir los días que nos quedan de un modo menos atropellado y vulgar, honrando esto que de momento tenemos y que después será polvo: nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros recuerdos. Pero no: elegimos intoxicarnos, dejar de pensar, volver a ser los monos agresivos que fuimos. Un individuo alcoholizado, aturdido, que grita, que baila, que define su identidad haciendo ruido, parecería la prueba viviente, inequívoca de que nuestros antepasados fueron los chimpancés bonobos y que no necesariamente los hemos mejorado.
El primer día del año lo que se lleva es ser optimista, salir a correr, montar en bicicleta, llenarse de planes bienaventurados, sentir que ahora sí, por fin, vamos a vivir la vida que de veras queríamos vivir, y entonces todo nos va a salir bien, nuestros planes van a cumplirse, lo mejor está por venir. Sin embargo, bien se sabe (lo sabemos porque así han sido todos los años que recordamos) que ese optimismo dura dos o tres días y luego se extingue, se desvanece, se hace humo, y todo vuelve a ser como era, y ya no somos tan optimistas ni salimos a correr ni a montar en bicicleta, y vemos con resignación que nuestros planes no se cumplen, parecen haber sido trazados no para cumplirse sino para incumplirse, así ha sido siempre, nadie mejora con el tiempo, todos nos volvemos peores, más majaderos, más quisquillosos, más mediocres si cabe. No es culpa de nadie, nadie debiera sentirse mal, es el destino humano, es la suerte que nos espera, un viaje paulatino y quejumbroso al más trivial de los actos humanos, que es morirse. ¿Por qué entonces nos desean un feliz año si los años no son felices, no pueden ser felices, son predominantemente infelices? ¿Por qué nos imponemos la inhumana obligación de que este año sea feliz, cuando a estas alturas ya deberíamos saber que ningún año puede ser encapsulado o cifrado en esa palabra vana, la felicidad? Por lo visto no aprendemos, no queremos aprender, cierto instinto simiesco o cierto mandato genético nos predispone al error de pensar que debemos aspirar a ser felices. Tal cosa no es posible, a duras penas es posible seguir vivos y nadie puede estar seguro de que en un año seguirá estándolo y por eso convendría detenerse, callarse, pensar un poco, aislarse de la turbamulta y recordar que estar vivos hoy y quizás mañana es un pequeño, discreto milagro y que los milagros habría que contemplarlos con asombro y un cierto sentido de la gratitud, procurando no afearlos o acanallarlos con nuestra natural tendencia a la vulgaridad y nuestro impulso bravucón por volver a ser los monos que fuimos, que todavía somos.

martes, 27 de diciembre de 2011

SI OTRA PERSONA PUEDE HACERTE FELIZ E INFELIZ, NO ERES AMO, SINO UN ESCLAVO


Si otra persona puede hacerte feliz e infeliz, 
no eres un amo, 
sino un esclavo. 
El otro te tiene en su poder. 
Con un  simple gesto te puede hacer desgraciado; 
con una pequeña sonrisa te puede hacer feliz... 
Con tantos amos tirando de ti en tantas direcciones y dimensiones, 
nunca estás en armonía, 
nunca eres uno; 
y jalado en tantas direcciones, 
estás angustiado. 
Sólo alguien que es dueño de sí mismo puede trascender la angustia.

EXCEPTO EN EL HOMBRE, NO EXISTE NINGUNA ESCLAVITUD EN EL MUNDO



Excepto en el hombre, no existe ninguna esclavitud en el mundo. Y salirse de ella no es difícil. No es que tu esclavitud se aferre a ti. 
La realidad es: tú te aferras a tu esclavitud. Tus cadenas son tu responsabilidad. Las has aceptado; están ahí.
Con plena consciencia diles: "Adiós; han estado mucho tiempo con nosotros. Es suficiente, nos despedimos". 

Es necesario una simple consciencia para traerte la libertad, pero hay algunos intereses creados para aferrarte a tu esclavitud.

Toda esta existencia está llena de amor, llena de libertad...excepto el desdichado ser humano. Y el único responsable de ello eres tú. Y no es una cuestión de ir dejando gradualmente las cosas que te hacen desdichado. Son muchos los que vienen a verme y me dicen: "Te comprendemos; iremos dejando nuestras desdichas gradualmente". Pero la esclavitud nunca se deja gradualmente: o lo has entendido y eres libre, o no lo has entendido y estás tan sólo fingiendo que comprendes.

TODO LO QUE HAY EN TUS MANOS ES EL PRESENTE



¿Cuál es exactamente la sustancia más íntima de la libertad? Que eres libre del pasado, que eres libre del futuro. 
No tienes recuerdos que te atan al pasado, que te arrastran siempre de vuelta al pasado: eso va en contra de la existencia; nada va hacia atrás.  
Y también eres libre de la imaginación, del deseo, del anhelo: esas cosas te arrastran hacia el futuro.
Ni existe el pasado, ni existe el futuro. Todo lo que hay en tus manos es el presente. 


Y alguien que vive en el presente, sin cargar con el pasado y el futuro, conoce el gusto de la libertad. No hay cadenas: cadenas de recuerdos, cadenas de deseos. 
Estas son las cadenas verdaderas que amarran tu alma y nunca te permiten vivir el momento que es tuyo...
La libertad es tu asunto individual. Es totalmente subjetiva. Si te has deshecho de toda la basura del pasado y de todos los deseos y ambiciones para el futuro, eres libre en este momento; igual que un pájaro al vuelo, todo el cielo es tuyo. Quizá ni siquiera el cielo es el límite...

Yo te digo que el presente es la única realidad que existe. El futuro es tu imaginación, y el pasado es tu recuerdo. No existen. Lo que existe es el momento presente. Estar completamente alerta en el presente, recoger tu consciencia del pasado y el futuro y concentrarla en el presente es conocer el gusto de la libertad.

¿POR QUE ES UNO VIOLENTO? ¿POR QUE ES UNO DESTRUCTIVO?






Sí, puedes transformarte totalmente mediante la ira, mediante el odio, mediante la violencia. Y no hay otra manera, porque existes en la violencia, en la ira, en la avaricia, en la pasión. Donde existes, sólo ahí, comienza el camino.
No te diré que crees no-avaricia contra tu avaricia; te diré que seas avaricioso totalmente, pero con total alerta mental; que seas violento, que te enfades, pero que seas total para que sufras totalmente, para que percibas todo su veneno. Tienes que pasar por el fuego. Nadie más puede pasar por ti; no es posible ningún representante...

Cada uno tiene que llevar su propia cruz. Jesús fue crucificado; él alcanzó su objetivo. Tú no puedes alcanzarlo. Tú tendrás que pasar por esa crucifixión... Y esta es la crucifixión: que tienes ira, que tienes pasión, que tienes violencia, que tienes avaricia, que tienes celos.
¿Qué vas a hacer con ellos? La sociedad te enseña a crear el polo contrario. Tienes avaricia, así que reprímela y crea una mente no avariciosa. Tienes ira, así que reprímela. No te enfades. Empuja hacia atrás la energía y sonríe. ¿Qué sucede? La ira se va acumulando dentro de ti, y te vas volviendo cada vez más irascible... Se convierte en un depósito inconsciente, y contra esta ira sigues sonriendo. Esa sonrisa se vuelve falsa, porque cuando la ira está llamando a la puerta por dentro, ¿cómo vas a poder sonreír? Puedes sonreír, pero entonces será una sonrisa falsa.


De modo que estás dividido en dos: una sonrisa falsa y una ira real. La sonrisa falsa se vuelve tu personalidad, y la ira real sigue siendo tu alma...


Lo que estoy sugiriendo es que no crees ninguna falsedad en torno a ti... No hagas lo falso, y permite que lo real se exprese totalmente. Cuando digo esto, puede que te asustes, porque tienes violencia y puede que quieras matar a alguien. Así que ¿quiero decir que vayas y mates?  ¡No! Medita con ello. Cierra tu habitación y deja que llegue tu violencia. 



Puedes expresarla con una almohada, con una foto, con cualquier cosa. No hay necesidad de ir a matar a alguien, porque eso no va a ayudar. Eso creará más problemas y una cadena.

En la almohada,  escribe el nombre de tu enemigo o de tu amigo...,y recuerda: estamos más furiosos con nuestros amigos que con nuestros enemigos.  Pon una foto de tu mujer o de tu marido sobre una almohada, y saca tu violencia. Golpea la almohada, mata la almohada, y haz todo lo que te surja. 

Y no tengas la sensación de que estás haciendo algo estúpido... Mira esta tontería, ve que así es como eres. Permítete una expresión total; manifiéstalo todo en acción. 
Y si puedes ser real, tomarás conciencia por primera vez de la ira, de la violencia que hay escondida dentro de ti. Eres un volcán, y esto puede hacer erupción en ti en cualquier momento...
Haz de tu ira un acto total en la meditación, y entonces ve qué sucede. Notarás que llega de todo tu cuerpo. Si lo permites, entonces cada una de las células de tu cuerpo estará en ello. Cada poro, cada fibra de tu cuerpo se volverá violenta. Todo tu cuerpo estará en una situación loca. Te volverás loco, pero permítelo, y no te refrenes. 

Muévete con el río, y cuando el ciclón haya terminado, sentirás por vez primera un centro profundo dentro de ti. Sucederá una calma sutil. Cuando la ira se haya ido, no habrá arrepentimiento, porque no se lo has hecho a nadie. No habrá culpabilidad. 
Te habrás desahogado. Cuando se expulsa esta ira y llega el silencio, ese silencio es real, no forzado...

En realidad , estás enfadado porque te estás perdiendo a ti mismo, te estás perdiendo tu destino. Lo que es posible para ti no está sucediendo, y por eso estás enfadado. No te está sucediendo nada y el tiempo sigue pasando. La muerte se está acercando, y tú sigues tan insatisfecho como siempre, y no parece haber ninguna posibilidad de que alcances la plenitud. Debido a esto, debido a que no estás realizando tus potencialidades, debido a que no has llegado a ser lo que puedes llegar a ser, estás enfadado, lleno de violencia. Y entonces sigues encontrando excusas.


Arrojas tu ira a esto, a aquello. En realidad, no es una cuestión de ira, y si lo haces una cuestión de ira, tu diagnóstico será erróneo. Es una cuestión de autorealización. ¿Por qué es uno violento? ¿Por qué es uno destructivo?  Porque está enfadado consigo mismo, con su mismo ser...


Un buda es silencioso, no-violento, no porque lo haya practicado, sino porque ahora se ha realizado a sí mismo. Ahora la flor ha llegado a su florecimiento total, de modo que no queda nada por liberar. Está colmado. 

Queda un simple agradecimiento a la existencia. Ya no hay ninguna queja; nada está mal. Cuando floreces realmente, todo está bien; todo es bueno...
Cuando uno está a gusto consigo mismo, todo es bueno. No puede ser destructivo, sólo puede ser creativo...

UNA PERSONA QUE VIVE PARA CONSEGUIR ALGO NUNCA PODRÁ ESTAR EN PAZ



Mi enseñanza consiste en cómo no hacer esfuerzo. Incluso cuando estés haciendo algo, no deberías ser el actor. Incluso cuando haya acción, debería ser casi una no-acción. Debería ser como un florecimiento espontáneo, no algo que surge de la fuerza de voluntad.

Pero son las enfermedades que todo ser humano recibe del pasado. Se nos ha inculcado que la fuerza de voluntad es muy importante. A todos los niños se les enseña que hay que tener fuerza de voluntad. Y la fuerza de voluntad es algo que va en contra de tu espontaneidad, no te permite estar relajado, tranquilo. ¿Acaso crees que las flores tienen que hacer mucho para florecer? ¿Acaso los árboles tienen que realizar alguna acción enérgica para crecer? No; no realizan ninguna acción.


Lao Tzu solía decir: "Observa los árboles, observa los ríos, observa las estrellas, y entenderás qué es la acción sin acción".


Evidentemente el río está fluyendo hacia el mar, pero no se puede llamar acción porque no hay una fuerza de voluntad que lo empuje hacia el mar. Es algo muy relajado, sin prisas, sin precipitación, sin tener siquiera anhelo de llegar, sin competir con los otros ríos por ver quién llega antes.  



Simplemente va avanzando, cantando y bailando su baile por las montañas, los valles, los llanos, sin preocuparse de si llega a la meta o no. Cada momento es tan bello y precioso que ¿a quién le importa el mañana?

La fuerza de voluntad ha sido utilizada para darte una falsa personalidad. La fuerza de voluntad es un bonito nombre para una fea entidad llamada ego.


Uno de los grandes psicólogos de este siglo, Alfred Adler, basó todo su análisis psicológico en un simple hecho: que todos los problemas del hombre surgen de la fuerza de voluntad. Quiere convertirse en alguien, una persona especial, superior a los demás, más santo que los demás. No importa si está en el mundo o en un monasterio; es una lucha por estar por encima de los demás.


Cuanto más luchas y más triunfas, más te alejas de tu propio ser, porque cada vez estás más tenso, más preocupado. Tu vida se vuelve una agonía constante por el miedo al fracaso. Aunque hayas triunfado, el miedo a que alguien te pueda sacar de tu posición...Pregúntale a cualquier presidente por la tremenda angustia que padece. Una persona que vive para conseguir algo nunca podrá estar en paz.


De modo que por una parte te has inventado esa fantasía de la acción enérgica. A lo mejor piensas que la meditación necesita una acción enérgica, o que el sannyas significa una acción enérgica. Lo único que necesita es relajación. Necesita olvidarse de la mente que intenta conseguir, olvidarse del futuro, permitir que el momento presente sea suficiente y disfrutarlo; el momento siguiente se ocupará de sí mismo.


Si puedes disfrutar de este momento, serás más capaz de disfrutar del momento siguiente porque serás más experto en disfrutar, bailar, cantar. Y empezarás a tener más confianza en ti mismo, sabiendo que no necesitas a nadie.  



Seas quien seas, eres capaz de disfrutar el éxtasis final sin necesidad de ser rico, sin necesidad de acumular poder, sin ser mundialmente famoso, ni ser una celebridad.

Puedes ser un don nadie y tener todos los tesoros de la existencia, porque no están fuera de ti. No eres consciente de tu propia riqueza interior