jueves, 15 de septiembre de 2011

¿LA VENGANZA ES DULCE?



Wikipedia dice que la venganza consiste primordialmente en la reprimenda contra una persona o grupo en respuesta a una mala acción percibida. Aunque muchos aspectos de la venganza se asemejan al concepto de justicia, la venganza en general persigue un objetivo más injurioso que reparador. El deseo de venganza consiste en forzar a quien haya hecho algo malo en sufrir el mismo dolor que él infligió, o asegurarse de que esta persona o grupo no volverá a cometer dicho daño otra vez.
Durante el transcurso de nuestras vidas pasamos por situaciones dolorosas muchas veces causadas por personas a quienes les brindamos nuestra confianza, cariño y respeto. Cuando el daño es producido la confianza se pierde, y el menosprecio y resentimiento llenan espacios que antes fueron ocupados por sentimientos más altruistas.
He escuchado actos de venganza de todo calibre, desde pinchar las llantas del carro, provocar celos con el primer incauto que se cruza en el camino, hackear cuentas de correos, llamadas anónimas que pueden matar del susto, enviar correos electrónicos a todos sus contactos describiendo con adjetivos calificativos nada favorecedores la personalidad y conducta del seudo desgraciado/a, también hay quienes brindan sus servicios personales como vengadores profesionales ofreciendo trabajos impecables y la satisfacción completa o la devolución de su dinero. Claro que muchas veces esos actos de venganza se convierten en actos criminales mucho más despreciables.
En momentos de ira y dolor es muy humano tener pensamientos vengativos, deseamos que el daño sea reparado y que quién lo ocasionó reciba una cucharada de su propia medicina. Pero estoy convencido que vengarse no minimiza el daño producido ni nos sentiremos más satisfechos viendo a otro padecer con un daño igual o peor, además que es ilógico pensar que con nuestro supuesto acto de justicia evitaremos que se vuelvan a cometer más actos dolorosos. Lo único que provocamos con esos deseos de venganza es mantener nuestras heridas abiertas y parecernos a esos seres que en su momento repudiamos.
Dicen que en la venganza como en el amor la mujer es más bárbara que el hombre, y eso puede ser cierto, pero también no cabe duda que las prioridades de la mujer han cambiado, las ambiciones  personales y profesionales son tan importantes que evitamos malgastar nuestro tiempo y energía en venganzas absurdas que no nos dan ningún beneficio emocional. Y como dijo el siempre digno Jorge Luis Borges, el olvido es la única venganza y el único perdón.

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